Hoy
en día se ha ido sustituyendo el concepto dignidad de vida o dignidad humana
por el de calidad de vida, éste último no puede abarcar todo el sentido del
primero, sencillamente porque se sitúa en el plano del consumo y la producción,
esto es en la economía y el mercadeo, donde los medios no necesariamente
conducen a fines más nobles y, donde poseer riqueza no necesariamente garantiza
la dignidad de la persona. Sustituir calidad de vida por dignidad, es caer en una
depreciación de la vida humana que se ve justificada por las implicaciones
económicas y de confort, donde no hay espacio para el dolor, la enfermedad, la
discapacidad sencillamente porque en cuestiones de economía y consumo no tiene
sentido vivir la misericordia y la caridad.
Con
la aparición de la industria y la producción en serie, aparece la necesidad de
establecer de manera eficiente un control de la producción a lo que se le llamo
control de calidad, este control de calidad supone unos parámetros o
indicadores que permitan que la producción va a cumplir ciertas garantías en el
mercado. Posteriormente se empezó a utilizar el término calidad no solo aplicable a los productos de consumo
sino a las personas, a fin de tener unos indicadores que permitieran evaluar el
bienestar, la felicidad y las condiciones de vida. La utilización del concepto de Calidad de
Vida puede remontarse a los Estados Unidos después de la
Segunda Guerra Mundial, como una tentativa de los investigadores de la época de
conocer la percepción de las personas acerca de si tenían una buena vida o si
se sentían financieramente seguras (Urzúa, A., y Caqueo-Urízar, A. 2012). Posteriormente el 1976 en torno al informe
del Club de Roma o de Brutland se prioriza en la sustentabilidad como responsabilidad
para con las generaciones futuras, se acuña el termino calidad de vida, que
viene a trascender la dimensión antropológica para abarcar el cuidado del medio ambiente y de todas las expresiones de la vida ya
que son interdependientes. Para Maldonado el concepto de calidad de vida posee un origen
económico, pero, desde la economía, se extiende a muchos otros dominios como la
política, la ingeniería, la sociología, la pedagogía y otros. Sólo que, adicionalmente,
se hace imperativo aquí recordar que la economía es la ciencia que se ocupa de
las relaciones medios-fines (2004).
Ahora
bien, pensar la calidad de vida para afianzar en una toma de conciencia por el
cuidado del medio ambiente teniendo en cuenta la demás expresiones de la vida
es un logro que se aplaude a la humanidad, pero, se hace necesario advertir
nuestro compromiso con los seres humanos en primer lugar. Desacralizar la vida
humana lleva a su depreciación, y aunque
aparentemente no tenga implicación alguna, el concepto de dignidad debe poder
desantropologizarse, con lo cual no perdemos nada, sino, integramos con el ser
humano a toda otra forma de vida y al medio ambiente en general (Maldonado,
2004) Hoy en día muchas personas priorizan en la defensa del medio ambiente y
de los animales y está bien, pero esas mismas personas promueven el aborto, la
eutanasia, etc. Es escandaloso y decepcionante para el género humano que se
hable de aborto posnatal, (Alberto Giublini y
Francesca Minerva, 2012) nuevo
eufemismo para no decir infanticidio o que se de credibilidad a las afirmaciones de Peter Singer, sobre “Matar
perros está mal. Matar a niños con discapacidad no” (2012).
Cuando
pretendemos evaluar la vida humana en términos de control de calidad
priorizando en lo económico, en el confort, bienestar, bienes de consumo,
fácilmente justificamos que haya vidas humanas que no merecen ser vividas. Es
por ello que antes de hablar de calidad de vida, lo que supone unos requisitos
en las condiciones de la vida, debemos centrar la atención en la verdadera
justicia y equidad que favorezca de manera digna la vida humana y la haga
posible en la tierra con el sentido que embarga, porque la vida humana no es un
producto que se consume, sencillamente se vive, se disfruta. Llama la atención
como en los países donde se jactan de tener una mayor calidad[1] de vida es donde reina el
sinsentido, la depresión el suicidio, porque en el afán del trabajo del
derroche, la producción y el dinero se les ha olvidado lo más importante,
vivir.
La
vida humana es un Don, por lo tanto no tiene precio, tiene dignidad, no se puede evaluar y
clasificar como la producción en control de calidad, sino que debe llenarse de
sentido, acogerse y para ello no se puede ignorar los valores espirituales de
los que estamos dotados los humanos, capaces de amar, de vivir la misericordia,
de ser felices con y para los demás. Recordemos las palabras de Kant “el
hombre es un fin en sí mismo, no un medio para usos de otros”. Lamentablemente
nuestra sociedad de consumo y el capitalismo dominante nos conduce a ver no
personas sino consumidores, se da más importancia a lo económico antes que a
las demás dimensiones humanas y nos convertimos en medios, objetos y mercancía.
Referencias
Maldonado,
C. E. (2004). ¿Es posible hablar de evolución o de progreso de la calidad de
vida?Calidad de vida. Enfoques, perspectivas y aplicaciones del concepto,
(1), 29-40.
Urzúa,
A., & Caqueo-Urízar, A. (2012). Calidad de vida: una revisión teórica del
concepto. Terapia psicológica, 30(1), 61-71.
Feito, L.
Bioética 10.
Autor: Pbro. Alexander Hernández Velásquez.
Diócesis de Engativá.
[1]Artículo titulado: Los países más felices registran las mayores tasas de
suicidios, por Amalia Rodríguez Gómez,
2011. Encontrado en: http://www.tendencias21.net/Los-paises-mas-felices-registran-las-mayores-tasas-de-suicidios_a6364.html
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