La Diócesis de Engativá, camina hacia la
ciudad de la misericordia, más humana y más fraterna, para lo que se hace
pertinente dar respuesta a la gran problemática que está viviendo nuestra
sociedad, en donde las relaciones abiertas, el aborto, la eutanasia, la anticoncepción
indiscriminada, la manipulación de embriones humanos, los asesinatos y la falta
absoluta de valores cristianos y morales cobra cada día más y más vidas,
sociedad que ha determinado de una manera absurda dejar por fuera a Dios de
todas sus decisiones, se ha planteado la idea de hacer un proyecto
revolucionario e innovador que recupere el valor invaluable de la vida misma.
No es lógico que se deje fuera de nuestras vidas, al dador de la vida misma.
La misericordia sólo es posible si valoramos
la vida humana como Don de Dios, esto implica su defensa y promoción, frente al
continuo relativismo moral de una sociedad cada día más consumista, hedonista y
superflua.
Estamos viviendo hoy en una sociedad en donde
cada vez es menos importante la dignidad
y el respeto por la vida humana, en donde los bienes materiales prevalecen
sobre los bienes espirituales, la vida de los animales es defendida y la de los
seres humanos es atacada y exterminada, con un ausencia creciente de Dios en la
vida de las familias y de toda la sociedad; como resultado estamos asistiendo a
la socialización y legalización de una cultura homicida de la vida, una cultura
de muerte (Evangelium Vitae #12).
Estas prácticas anti-vida dejan secuelas en
la persona, en la familia y en la sociedad, secuelas que hay que enfrentar
desde tres tópicos: prevención, atención inmediata a víctimas y recuperación.
Es por esto que a través del proyecto
“A.M.A.R.” – Amando Misericordiosamente Acogiendo y Reconciliando, pretendemos
llegar a cada uno de los hogares de nuestra diócesis a través de las
parroquias, promoviendo, educando, informando, dando a conocer la realidad que
esta oculta detrás de esta ausencia de Dios, una cultura de la muerte, en
nuestra sociedad, incluyéndonos de una manera activa en ese gran objetivo
“Construyendo la ciudad de la misericordia”
Queremos ser visionarios, trascender, dar
fruto y fruto en abundancia, dando cumplimiento del mandato Divino, en donde
todos estamos llamados a luchar, a ser voceros de todos los que no tienen voz,
estamos siendo llamados a sacar nuestro pueblo de la esclavitud y guiarlos a
través del mar de la desolación hacia la tierra prometida, aquella en donde
emana leche y miel.
Los invitamos a ser parte de este sueño, la
mies es mucha y los obreros pocos, aquí les daremos las herramientas necesarias
para contribuir con la recuperación del valor absoluto y Divino de la vida,
desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, rehabilitando y
reconciliando a todos aquellos que han caído en el oscuro abismo del pecado.
Esperamos sembrar en cada
corazón ese granito de mostaza y confiamos en el poder absoluto del amor
misericordioso del Señor para que estos se conviertan en árboles fuertes, que
abriguen y alberguen al más necesitado.
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