Construir la ciudad de la misericordia solo
es posible si como personas de fe amamos y defendemos la vida humana. Llama la
atención que en una sociedad donde surge una gran sensibilidad ante el cuidado
del medio ambiente, el maltrato animal, el calentamiento global, descuidemos e
ignoremos el conocimiento de lo que somos. Con facilidad se antepone la calidad
de vida por encima del sentido de vida y de la dignidad humana.
Estamos consientes de que los flagelos antes
mencionados que inundan cada vez más nuestras poblaciones, están matando
lentamente nuestra sociedad, en la que se ha perdido el respeto a la vida, al
matrimonio, a la concepción, al amor propio.
Por eso, estamos convencidos de que los
buenos somos más y podemos hacer la diferencia, estamos decididos a ser esos
guerreros valientes que no temen hablar por los que no tienen voz y luchar día
a día con la fuerza del Espíritu por recuperar todo lo que el enemigo nos ha
quitado.
Se hace necesario defender la vida humana con
las armas espirituales, con convicciones cristianas y a la altura de nuestro
tiempo.
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